RÉGULO SEGUNDO DÍAZ, ''KURUVINDA''

El Zuliano Rajao



1906, nace en Maracaibo, Zulia, el pintor, escritor, músico y cronista natural de su ciudad natal, Régulo Segundo Díaz Labarca, conocido como "Kuruvinda", autor de los libros: ¿Quién es Maracaibo?, El camino de los grandes lagos, La Pequeña Venecia del estado Zulia, Sensorio delirante, entre otros.

Como artista visual y cronista usó los seudónimos de Curubinda, Duruay y Kuruvinda. Estudió Pintura en la Escuela de Artes y Oficios de Maracaibo durante cuatro años con el maestro Manuel Puchi Fonseca, y más tarde, se dedicó a impartir clases de Pintura a domicilio. Su cuadro Batalla Naval del Lago de Maracaibo fue reconocido por los críticos de arte de entonces, el cual podemos contemplar en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, Maczul. Fue el ayudante del maestro Antonio Angulo en la creación del plafón del Teatro Baralt, una joya pictórica que podemos contemplar en el icónico espacio de la cultura zuliana. De igual manera, se destacó como músico autodidacta de la guitarra y disfrutaba al máximo la música clásica y de los conciertos en vivo.

En 1944, se convierte en director y redactor de La Revista Libre, y durante cinco años se dedicó a la búsqueda del "Entierro", un presunto tesoro de Santa María de Belén, ubicado en la carretera vía a La Concepción, hoy, municipio Jesús Enrique Lossada, Zulia.

En 1947, parte desde la Catedral de Machiques, Zulia, junto a José Domingo Márquez "Mingo" y José Joaquín Rojas "Rojitas" hacia Detroit, Estados Unidos, logrando una de las más grandes hazañas del mundo entero; viajar de Machiques a Detroit sin carreteras. Esta proeza la describió con lujo de detalles en el libro titulado El camino de los grandes lagos.

"Kuruvinda" no dejó descendencia, nunca se casó, sufrió muchas necesidades al final de su vida; medio ciego, pregonaba que viviría 100 años, ya que venía de una familia longeva, deseo que casi se le cumple el 12 de febrero de 2005, al morir a la edad de 99 años.

Honores para este insigne ciudadano que poseyó una memoria irremplazable que utilizó gran parte de su vida en su rol de cronista no oficial o espontáneo de su ciudad natal, que pasó sus últimos días en una institución geriátrica, donde aprendieron a soportar su mal carácter, en compensación de esa sabiduría que compartía abiertamente con sus compañeros de asilo.

¡Nuestra admiración infinita por 'Kuruvinda'!


Por: Agustín Arteaga


APOSTADORES MARACUCHOS


Dos apostadores enfermizos están mirando a la vieja del frente que tiene las piernas abiertas y dicen: - La pantaleta de la señora es negra; el otro apostador brinca y dice: - NO! es marrón... Mandan a un carajito a verificar de qué color es la pantaleta y al regresar les dice: - Se pelaron los dos, ni es negra ni es marrón… son moscas.