HISTORIA DE NUESTRA BASÍLICA

El Zuliano Rajao



Por iniciativa del capitán Juan de las Nieves Andrade, se construye el 7 de julio de 1686, en Maracaibo, una modesta ermita dedicada a San Juan de Dios.

Sus paredes eran de barro, su techo de palma y enea, y su piso de barro pisado; también contaba con su capellán para poder oficiar la Misa en honor al Santo.

Más adelante, en 1709, a una señora lavandera se le aparece la imagen de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá en una tablita que había encontrado a orillas del Lago de Maracaibo, y esta renovación prodigiosa estimuló la devoción, razón por la cual las autoridades decidieron el traslado de la sagrada imagen a la Iglesia Matriz (Catedral de Maracaibo), en medio de una procesión desde la calle El Milagro, donde vivía la señora, pero al llegar a la calle Derecha la imagen se hizo pesada y no pudieron moverla sino hacia la ermita de San Juan de Dios, construyendo junto a ella una capillita para venerar a la Virgen con el apoyo del gobernador Francisco Antonio de la Rocha Ferrer, quien además dotó a la tablita de un marco de plata y una lámpara del mismo metal.

Tiempo después, exactamente en 1724, inician los trabajos para construir una iglesia de mayor capacidad, de bahareque y techos de teja, rodeada de una plaza, consagrándose la misma en 1732.

A la llegada del gobernador Guillermo Tomás de Roo, se derribó la capillita y se fabricó una capilla mayor, colocando de mayordomo a José Gutiérrez Vergara, pero más tarde, otro gobernador, Pedro González de Acuña, derribó el cañón que había fabricado el mayordomo y ordenó construir una elegante torre, que fue visitada por el obispo Mariano Martí, quien la describió ampliamente en su Inventario Pastoral.

El 7 de julio de 1806, se crea la parroquia de San Juan de Dios, que se instaló definitivamente el 30 de enero de 1808, siendo su primer párroco Antonio María Romana.

A través de los años se fueron haciendo cambios a la capilla hasta llegar a lo que hoy conocemos como la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, ubicada en pleno Centro de Maracaibo y para el beneplácito de los feligreses.

APOSTADORES MARACUCHOS


Dos apostadores enfermizos están mirando a la vieja del frente que tiene las piernas abiertas y dicen: - La pantaleta de la señora es negra; el otro apostador brinca y dice: - NO! es marrón... Mandan a un carajito a verificar de qué color es la pantaleta y al regresar les dice: - Se pelaron los dos, ni es negra ni es marrón… son moscas.